Un ayuntamiento que se plantea tratar su fracción orgánica en el propio municipio tiene que resolver tres cuestiones antes de pedir presupuestos. Cuánto biorresiduo va a tratar de verdad, en qué suelo municipal cabe el equipo y por qué vía lo incorpora al presupuesto.

Ninguna de las tres depende de la tecnología. Dependen de datos que el consistorio ya tiene repartidos entre la memoria del servicio de recogida, el inventario de bienes y el presupuesto del ejercicio, aunque rara vez estén reunidos en el mismo documento.

Reunirlos es el trabajo previo que acorta todo lo demás, y vale la pena empezar por el flujo de residuo, porque de él salen las otras dos respuestas.

De dónde sale el biorresiduo municipal

La fracción orgánica de un municipio no procede de un único origen. Llega por al menos cuatro vías con volúmenes, horarios y calidades distintas, y esa diferencia marca qué parte tiene sentido tratar en origen y cuál seguirá yendo a planta.

Esa última línea cambia la aritmética del proyecto. La mezcla de referencia combina alrededor de un 80 % de restos de comida con un 20 % de poda o madera triturada, de modo que un ayuntamiento con servicio de jardinería propio cubre el estructurante sin comprarlo y sin depender de un proveedor externo.

Centralizar o repartir

Con los flujos identificados aparece la primera decisión de modelo. Un equipo único que reciba todo el biorresiduo del municipio, o varios equipos repartidos en los puntos donde el residuo ya se concentra.

La vía centralizada concentra la inversión y simplifica el mantenimiento, aunque mantiene el transporte interno. Alguien tiene que llevar el residuo del mercado, de los colegios y de los centros de día hasta el punto de tratamiento, con los kilómetros y las horas de personal que eso supone.

La vía descentralizada instala equipos de menor capacidad en el propio punto de generación. Elimina ese transporte, reparte el riesgo (durante una revisión técnica solo se detiene un punto) y permite escalonar la inversión en varios ejercicios, empezando por el emplazamiento más favorable. A cambio multiplica los puntos a supervisar y exige designar un responsable en cada uno.

En municipios pequeños y medianos el reparto suele ganar por una razón práctica. El suelo municipal disponible rara vez está donde interesa, y mover el residuo hasta él acaba costando más que instalar dos máquinas de menor tamaño. La página de compostaje urbano y comunitario de Earth-Care recoge los perfiles de emplazamiento habituales en esta modalidad, desde mercadillos y comunidades hasta colegios y centros de mayores.

Cómo calcular la capacidad

El dimensionado parte de kilos diarios reales, no de ratios por habitante. Las ratios de generación sirven para una estimación de partida, pero varían tanto entre municipios con distinta estructura de población y actividad que no sostienen una inversión.

Qué documentos pedir

La memoria anual del servicio de recogida recoge las toneladas de cada fracción y suele desglosarlas por mes, lo que da la curva estacional. La empresa concesionaria dispone de los pesajes por ruta y por contenedor, que permiten localizar dónde se concentra la generación. Y las caracterizaciones de residuo, si el municipio las ha hecho, indican qué porcentaje de la bolsa es materia orgánica y cuántos impropios arrastra.

Para los equipamientos municipales, la medición es más directa. Durante cuatro días consecutivos se separan los restos orgánicos de cada cocina y se pesan antes de tirarlos, anotando también los comensales de esos días. Con esa relación entre kilos y comensales, la cifra se proyecta a cualquier escenario de actividad.

Sobre qué momento calcular

El equipo se dimensiona sobre la semana de mayor generación del año, no sobre la media. Un municipio turístico, uno con feria anual o uno con colegios que cierran en verano, trabaja con curvas muy marcadas, y una máquina ajustada al promedio se queda sin capacidad justo cuando más material hay.

Sobre ese pico se añade un margen del 15 % al 20 %, que cubre la incorporación de un nuevo equipamiento o la ampliación del servicio, y se suma la fracción vegetal de la mezcla. Los equipos se fabrican a medida, así que esa cifra final es la que determina la máquina, sin tener que ajustarse a un catálogo de tamaños cerrados.

Dónde instalarlo

El equipo se apoya sobre una solera de hormigón nivelada y se conecta a la red eléctrica. No necesita nave, cubierta ni obra civil alrededor, de modo que la lista de suelo municipal apto es más larga de lo que parece al empezar.

Emplazamiento A favor A revisar
Punto limpio municipal Solera, acometida y personal ya presentes Horario de apertura limitado para la carga diaria
Nave de servicios o brigada Acceso controlado y maquinaria de apoyo disponible Distancia hasta los puntos de generación
Vivero o parque municipal La poda está en el mismo sitio y el compost se usa allí Acometida eléctrica a veces alejada
Mercado de abastos Residuo concentrado, sin transporte intermedio Espacio en el muelle durante las horas de descarga
Parcela del equipamiento Trayecto mínimo desde la cocina Visibilidad y paso de usuarios

 

La columna de la izquierda ordena los emplazamientos de mayor a menor distancia respecto al residuo, y esa distancia pesa más que los metros disponibles. Como el circuito es cerrado y no emite olores al exterior, la máquina puede situarse cerca de donde se genera el residuo, que es justo lo contrario del criterio que exige un sistema abierto, donde la ubicación se elige buscando alejarse de las viviendas.

Hay un punto que suele quedarse fuera de la primera visita. Además del equipo hace falta sitio para el acopio del estructurante y para el compost de salida hasta que el servicio de jardinería lo recoge. Medir solo la huella de la máquina lleva a instalaciones con espacio para compostar y sin espacio para lo que entra y sale de ellas.

Compra, arrendamiento y capítulo presupuestario

La forma de acceso al equipo no es solo una cuestión financiera. En una administración local determina por qué capítulo del presupuesto se tramita, y eso cambia los plazos y el órgano que aprueba.

La compra directa es una inversión real y se imputa al capítulo 6 del presupuesto municipal. El equipo pasa a formar parte del inventario de bienes, lo que encaja bien cuando existe una partida de inversión disponible o una subvención que financia la adquisición de maquinaria.

El arrendamiento se imputa al capítulo 2, el de gastos corrientes en bienes y servicios. No inmoviliza presupuesto de inversión y resulta útil cuando el consistorio quiere comprobar el rendimiento real antes de comprometer una compra, o cuando el ejercicio en curso no tiene margen en el capítulo 6, pero sí en el 2.

Ese matiz explica por qué dos municipios con el mismo volumen de residuo eligen vías distintas. No suele decidir el precio, sino en qué capítulo queda margen cuando llega el momento de tramitar.

El umbral del contrato menor

En contratación pública, el artículo 118 de la Ley 9/2017 sitúa el contrato menor de suministros en un valor estimado inferior a 15.000 euros, sin IVA. Por debajo de esa cifra el expediente se simplifica de forma notable.

La mayoría de equipos de compostaje para un municipio supera ese umbral, así que el procedimiento habitual es un contrato de suministro con su pliego técnico. El arrendamiento por anualidades, en cambio, puede situar el importe anual por debajo del umbral según el caso, aunque el valor estimado del contrato se calcula sobre toda su duración y no sobre un solo ejercicio. Es una comprobación que corresponde hacer al servicio de contratación antes de elegir la vía.

Financiación externa

Las convocatorias autonómicas de residuos y las líneas estatales ligadas a fondos europeos han financiado equipamiento de tratamiento en origen en los últimos ejercicios, con condiciones que cambian de una convocatoria a otra. Dos detalles se repiten y merecen revisarse antes de dar por hecho el encaje.

El primero es que muchas líneas financian adquisición pero no arrendamiento, lo que condiciona la vía de acceso desde el inicio. El segundo es que suelen exigir datos de partida y compromisos de resultado, de modo que la medición previa del residuo deja de ser un trabajo interno y pasa a formar parte del expediente de solicitud.

Qué hacer con el compost

Un municipio es, de los perfiles que compostan en origen, el que menos problema tiene para dar salida al material. El rendimiento del sistema ronda el 10 % del peso que entra, de modo que un equipo que trate 300 kilos diarios devuelve unos 30 kilos de compost al día.

El destino natural son los parques, jardines y zonas verdes del propio ayuntamiento, que consumen enmienda orgánica de forma continua y hoy la compran. El ciclo se cierra dentro del término municipal: la poda entra en la mezcla y el compost vuelve al jardín del que salió.

Cuando la producción supera el consumo interno, las salidas habituales son los huertos urbanos municipales, la cesión a agricultores de la zona y los programas de reparto vecinal, que además hacen visible el resultado ante quien separa en casa.

Si el material va a cederse a terceros o a destinarse a cultivo, hay que acreditar su calidad con un análisis de laboratorio. Para uso en zonas verdes propias, ese requisito no aplica, aunque el análisis sigue siendo un respaldo documental útil cuando el programa se somete a justificación.

Qué preparar antes de pedir presupuesto

Con estos cinco elementos reunidos, el fabricante puede proponer un equipo concreto en lugar de una horquilla, y el servicio de contratación tiene material para redactar el pliego.

Earth-Care fabrica e instala equipos de compostaje para ayuntamientos, comunidades, hoteles y empresas, en venta directa o en arrendamiento, con garantía legal de dos años como mínimo, servicio técnico y posventa. Trabaja desde Canarias y ejecuta instalaciones también en la península. Con esos cinco datos reunidos, plantear la consulta deja de ser una toma de contacto y pasa a ser una conversación sobre un equipo concreto.